domingo, 10 de abril de 2011

Conjuro contra cataclismos

(Catástrofes tras catástrofes, el mundo sigue andando)




Por Susana Dillon 



Augures, profetas, magos, horoscopistas y minúsculos charlatanes, se han puesto de acuerdo para refregarnos por las narices que el próximo 2012 no seremos nada.
Se nos adelantaron los ceremoniosos y sensatos japoneses con su propio terremoto que vino acompañado con el tsunami, que se coronó con la furia atómica desatada en sus usinas. Con esto y el eructo que produjo uno de sus volcanes, que no todos son modelos para sus artistas plásticos, todo el planeta se sacudió al unísono, se nos venia encima el Apocalipsis, esa ultima página de la Biblia en que se nos advirtió que por mala conducta, ya no era el diluvio el que nos iba a arrasar, sino que el magno evento sería un poco mas completo que lo que vimos por la TV hace pocos días ocurrido a los sufridos y admirados nipones.
Entonces los augures, profetas y hasta nuestras exitosas tarotistas se acordaron de la visita de algún descarrilado asteroide o una buena parte de esa región, donde Nuestro Creador sembró de escombros entre un planeta y otro, de este sistema solar que nos aguanta al genero humano, a pesar de su malísima conducta y que tales cascotes nos pueden dejar el planeta tal como quedó en la época terciaria cuando un asteroide se nos estrelló liquidando a los terribles dinosaurios. Fue en la época terciaria cuando tuvimos experiencia de una visita celestial no esperada. 
Publicaciones de toda índole nos han advertido de las miles de formas en que todo esto que es nuestra orgullosa civilización, se puede ir al tacho por esta mala costumbre que tenemos de hacernos la vida imposible los unos a los otros.
También nos hemos dado cuenta que tanto la OTAN como la ONU como cualquier otra sigla que se haya creado para salvaguardar la paz en el mundo, es nada mas que un gran cartelón pintado con la siglas protectoras de los supuestos países reunidos para protegernos a los indefensos o a los que tengan petróleo.
Porque también quedó visible hasta para los ciegos que lo producido por esa teoría del capitalismo salvaje, no tiene quien la destruya y menos, en “tiempos revueltos”, que son los actuales, donde “el amor no tiene quien le escriba”, ni gente que le de bola, y en esto los Derechos Humanos parecen no tener nada que ver.
Por Bolivia anduvo justo en el Banco Central, hace poco un notable filósofo esloveno, Slavoj Zizek que les recordó a los locales que no sería tan grave el asunto, porque ya hubo otra experiencia semejante antes de la primera guerra mundial en que los astros y los sabios que los estudian andaban a contramano, en esto los alemanes que fueron los primeros en amenazar con invasiones les quisieron calmar la angustia pre-guerra a los austríacos con un razonamiento original : ”Aquí la situación es seria pero no catastrófica” a lo que los bravos y valseados austriacos les retrucaron “Aquí la situación es catastrófica pero no es seria”, pero parece que Zizek la vino agarrar por otro lado, les recordó también la profecía maya y ya los bolivianos, que harto se las saben de padecimientos de todo género y por otra parte de asuntos indígenas saben un fardo, entonces el sabio filosofo tuvo que afinar la puntería.
- No hay que tener miedo a la catástrofe, lo que hay que no olvidar es la de tirarse a muerto y dejarse invadir por la desesperación.
Zizek remarcó: El mundo puede transformarse de poco a poco, la esencia del Hombre ya no es el trabajo alienado que hay que recuperar, sino el no dejarse atrapar por el capitalismo global que vienen a ser los terremotos y los tsunamis, que son la reglas que nos quieren imponer para arrasarnos, traducido a lo que ya saben los bolivianos desde el día de la Creación: El hambre de los unos y la panza llena de los otros.
Las revoluciones se han producido en apropiarse de la sustancia universal enajenada. Sin el aparato del estado, sin políticos corruptos, sin capitanes de gremios, sin instituciones con carteles pintados, pero sí con una democracia directa. ¿ Habrá tiempo hasta que llegue el terremoto, el tsunami y lo que dijeron los mayas?.
Miren sino lo que les pasa a los países árabes, hasta a las mujeres se les ha resbalado el chador cuando han salido a defender lo suyo en esto de ir transformando el mundo de a poco. Ellas en la calle gritando sus necesidades con el brazo y el puño en alto le están diciendo a Mahoma, que les cambie la sumisión por la dignidad.
Que es la forma en que esas luchas pueden triunfar, donde las mujeres dejen de ser esclavas y que no haya salvadores que vengan de afuera a imponer la democracia con cañones. 

jueves, 24 de marzo de 2011

24 DE MARZO - DIA DE LA MEMORIA.



Por Susana Dillon


En Brasil, tengo también muchos amigos y amigas. Son constantes en la amistad, cada tanto una carta, un libro, un recorte de periódico que recuerda el pasado cercano, sobre todo, algo que marcó mi vida: la desaparición de mi hija y de mi yerno que estaban esperando su primer hijo, mi Rita estaba embarazada de seis meses.
Los brasileños siempre vuelven a su primer razonamiento: "nosotros también tuvimos desaparecidos, no alcanzaron a mil, pero no tuvimos Madres de Plaza de Mayo".
Ya hace tiempo me mandaron este artículo, que a los empujones pude traducir, para que pudiera trasmitir, intacta su emoción. Ahora lo comparto con mis lectores.
Vale la pena tener amigos que escriben sobre el tema. Ya ven, no estamos solos.


"CUANDO APARECEN LOS QUE DESAPARECIERON"
"No es fácil eliminar un cuerpo, una vida es fácil, cada vez mas fácil, pero queda el cuerpo, como la basura. Uno de los problemas de nuestra civilización: qué hacer con la propia basura, con las carcachas de los coches, las latas de cerveza, los restos de los que mueren. El cuerpo flota, el cuerpo va a dar a la playa. El cuerpo brota de la tierra, como en la Argentina. ¿Qué hacer con él?- el cuerpo es como los residuos atómicos. Queda vivo. El cuerpo es como el plástico. No se desintegra. La carne se pudre, pero quedan los huesos. El horno crematorio no lo resuelve. Quedan los dientes, quedan las cenizas, queda la memoria. Quedan los parientes, quedan las madres, como en la argentina.
Sería fácil si el cuerpo se extinguiera con la vida. La vida es como la nada. Se acaba con la vida como si fuera un botón o como una aguja. Mas queda el cuerpo como un estorbo. Los desaparecidos no desaparecen, siempre hay alguien que emerge de las brumas del pasado, siempre hay alguien que se asoma. Las fosas comunes no son de confiar. La tierra no acepta cadáveres sin documentos. Queda el A.D.N. en los huesos, en el pelo, en las uñas. Los cuerpos son devueltos más tarde que temprano porque la tierra es protocolar, no quiere a nadie antes de tiempo. La tierra no quiere ser cómplice, tapar los cuerpos con escombros no soluciona nada, siempre sobra un pié, una mano, o aparece una madre, como en la Argentina. Siempre habrá un fisgón, que no se perdió el entierro. Siempre quedan disconformes, siempre queda algún vivo presenciando.
Los cuerpos brotan del suelo, como en la Argentina. El cuerpo no es reciclable. El cuerpo no es reducible. Para disolver los cuerpos en ácido, no alcanzaría el ácido para los asesinatos del siglo. Zanjas más hondas, más escombros, más hornos. Siempre habrá un dedo acusador. El cuerpo es como nuestro pasado, se supone que se irá diluyendo si nadie se acuerda, intentarán forzar el protocolo: fue suicidio, estaban huyendo, se estarán bañando en el Caribe, estarán campantes en España. El cuerpo desmentirá todo. El cuerpo incomoda, el cuerpo, en silencio, descubre todo. La conciencia no es biodegradable. La memoria no se pudre. Quedan los dientes, los medios de acabar con la vida, se sofistican. Todavía no resolvieron cómo acabar con la basura. Los cuerpos brotan de la tierra como en la Argentina. Más tarde o más temprano, los asesinados brotan de la tierra.
Ya se han producido explosiones de los que no resistieron asesinar, al no aguantar lo que les grita la conciencia. Los desaparecidos, aparecen y lo señalan con su dedo descarnado.”


Luis Fernando Veríssimo "A mae do Freud" 1985,- Belo Horizonte

domingo, 20 de marzo de 2011

ESTAN POR VENIR LOS TIEMPOS REVUELTOS, COMIENCE A ESTAR ALERTA.



Por Susana Dillon

La arena política se puebla de aspirantes a empuñar algún comando, los posibles contendientes están probando las procelosas aguas en que tendrá que largarse a navegar. Ensayan poniendo el dedo gordo del pié la temperatura de las aguas no muy claras, como si sólo fuera cosa de un baño en días tórridos. Cada quien tiene su estilo, por demás conocido, algunos, muy cancheros, no se atreven a usar el arsenal de promesas del que son propietarios. Mas vale esperan las estocadas de los que tienen la sartén por el mango. Pero aquí y en esta circunstancia, a seguro se lo llevaron preso, tal como lo sabe el vapuleado ciudadano, que a la fuerza es cauto y no se va a ir de boca, como le pasó a la legisladora Diana Conti, que incomodó a la Sra. Presidenta con su chupada de medias fuera de tiempo, que de allí se prendió la prensa para proponer la re-reelección con la que tientan a los que se relamen con perpetuarse.
Como si nos hubiera ido tan bien con los que se sintieron tentados otra vez, con el llamado del misterioso sillón de Rivadavia, especie de reliquia histórica, que no se sabe dónde fue a parar, pero que resulta el insomnio de la casta política.
Al precio de lo que sea y con el rejunte que sea, aquí somos espectadores de la conducta de nuestros nunca bien ponderados aspirantes a los altos cargos, sin importarles gran cosa de esta nueva maña de estarse una vez con los unos y otra con los otros.- ¿qué ideología profesan?- ¿qué planes tienen para discutir?- ¿cómo les vamos a pedir coherencia y fidelidad a sus principios y valores?- a esos saltarines por los cargos ya los conocemos de sobras y nos encuentran desconfiados y difíciles de arrear, hay quien se emboba con el puente colgante en esta nueva Venecia, donde mejor hubiera sido que en lugar de dilapidar tantos millones, se hubieran acordado de los que los agarran con 50mm. con el agua hasta el cuello! Desconfiemos del eterno postulante a gobernador de Córdoba con sus compras de propiedades malhabidas y escrituradas en una escribanía que se vino a incendiar oportunamente, desconfiemos de los que les cantaron a los azudes, que están a años luz de los beneficios que iban a reportar, de los deportes náuticos que se iban a practicar y de las bellezas que se iban a disfrutar, donde cada tanto tenemos noticias de hechos luctuosos y de aguas contaminadas. Cada vez que nos mandan a votar, hagamos buena memoria de la plata mal gastada y de la plata que alegremente se despilfarra en mantener ñoquis, en la compra de votos, como era en tiempos del presidente Roca, porque es una forma del fraude.
Y resulta una lástima que cada vez que lo mandan a nuestro canciller a resolver problemas de su incumbencia, se mande una burrada justamente allá en el Norte, donde nos tienen bien contadas las costillas. No es buena política andar ladrándoles a los poderosos y a los vecinos, con los que tradicionalmente hemos tenido relaciones cordiales.
Y ahora, que recién comenzamos el año escolar, vayamos pensando en no seguir con el tema de que los chicos coman en la escuela: que los padres sean los que tiendan la mesa con los sueldos del trabajo, para que no tengamos ante la mirada de los chicos a tres generaciones que no han tenido trabajo, por eso no hay posibilidad de buenos ejemplos ni de cimentar las relaciones familiares. No es beneficioso  que el chico deje de reunirse a almorzar. Allí los padres enseñan, corrigen, miman, aconsejan, comparten. Está bien alguna vez, como emergencia, pero que no se haga costumbre eso de que sean otros los que atiendan a sus propios hijos en el lugar donde funciona normalmente el hogar y sus componentes,
Quien tiene hijos, que se de maña para educarlos, quien tiene padres, qué esté la mayor parte del tiempo, bajo su amparo y compañía. La educación del hogar se pone en evidencia en la escuela, y en la escuela se siente la influencia del hogar.
Las medidas de emergencia no pueden cambiarse por el trabajo honrado y permanente. Ya es hora que los padres solventen los gastos del hogar con esfuerzo. Hay mucha gente de manos extendidas en el ruego, que esforzándose en el trabajo. La plata de la dádiva, lo tenemos comprobado, se juega en los casinos. Esa moderna máquina de hacer pobres.
Estamos perdiendo varias virtudes en el juego, en la droga, en la vagancia y para peor, cada día más violencia. Pero nuestros verborrágicos paladines, están mirando para otro lado, muchos aún en la burbuja.

domingo, 27 de febrero de 2011

Y QUE LES DEN CHOCOLATE...


Principios de siglo XX en Santiago del Estero.

Por Susana Dillon

Al caudillo bárbaro, mitad centauro, mitad bandolero, los dueños de los obrajes y las tierras lo hicieron gobernador. Claro que se concretaron las pantomimas del voto, con oposición y todo lo demás. Las calles santiagueñas abandonaron su modorra para recibir en sus adoquines y polvaredas a una comparsa de beneficiados con el arribo del nuevo gobernador y sus allegados. Allá en Buenos Aires y acá en las estancias y obrajes , los verdaderos dueños del poder mandaron abrir los espiches de las bordalesas de vino y a freír empanadas para agasajar al pueblo que "había sabido votar"- Ese día, al menos se comería y se macharían en honor del elegido. Si se desataba algún entrevero de puñaladas debajo de alguna enramada que cobijaba bailes y beberajes, eso se consideraba como parte de la tradición: despachar para el lado de las ánimas a algún opositor molesto, algún peón retobado, algún maestrito con la Constitución bajo el brazo. Venía bien, para los mandamases, que se viera bien tupido algún hecho de sangre...como para que se tenga claro que a la patronal no se la cuestiona.
El gobernador coronado por los votos, era hombre de no hacerse ascos por un poco de sangre, al fin era un gaucho matrero con la suerte del ungido.
Como en todo pueblo que se respete había que hacer cumplir al píe de la letra la ceremonia de la asunción de mando: Tedeum, discursos, reuniones políticas, legisladores, y más tarde el tradicional chocolate ofrecido por las damas linajudas de la capital provincial en los salones de la casa de gobierno, como debía de ser desde los tiempos del cabildo.
Para organizar el ágape fueron requeridas aquellas señoras que por su experiencia y modales dejarían buen recuerdo en las crónicas sociales y políticas.
Los hombres eran duchos en los entreveros políticos, pero las damas sabían de reglas protocolares, usos y costumbres. Su autoridad a este respecto no admitía discusiones. Sí las damas ordenaban cómo presentarse, qué ponerse, dónde sentarse, qué comer y qué beber: AMEN.
Fue la mujer del boticario la indicada para dirigir el evento.  Tenía sobrados méritos además de haber heredado, generación tras generación el programa de actos que debía cumplirse inexorablemente, como una sentencia.
La doña, mujer de gran carácter y dignidad dictaminó:- El gobernador debe vestir traje, cuello duro y corbata. Debía presentarse así mismo bañado y perfumado, acicalado como corresponde para recibir los símbolos del poder,  además debía presidir, luego de la Asamblea el chocolate de honores y hacer justicia.
Nada de botas ni de poncho ni cualquier cosa que recordara al gaucho matrero. Levita y galera, reloj terciado en el chaleco, zapatos finos y polainas.
Quién se animaría a comunicarles aquellos protocolos?. Quién llevaba el gato al agua?.  Se opinó que una delegación, hasta la metieron a la propia mujer del ungido, que al verse apoyada y embalada cobró nuevos bríos para amansar al centauro. Fue duro el encuentro, pero los argumentos de las féminas sobrepasaron las arisqueadas del hombre cerril.
Entre todas lo rodearon y ordenaron autoritariamente: primero baño de tina, corte y peinada a fondo de la melena para que pudiera ajustar la galera.
Meter al matrero en la tina, enjabonarle la pelambrera y pretender desenredarla fue obra de titanes. El cuitado bufaba, manoteaba y salpicaba ante la avalancha de jabón y peines. Hubo que proceder a tijeretear nudos y ralear el monte. La expresión del bañado mucho se parecía a la de un yaguareté acosado. En esos instantes vio pasar ante su memoria los crímenes y abusos cometidos, convencido de que se estaba acercando al purgatorio.
Después del secado, vino el recorte y probaron con el fijador. Redondeando la tarea por fin el agua florida. Las mujeres y el barbero no terminaron la acción punitiva hasta dejarlo lustroso.  Ya sobre los interiores que jamás había usado, vino la escafandra de la camisa almidonada, cuello al brillo, corbata, chaleco justo, pantalón fantasía, levita y galera. En los pies acostumbrados a las botas de potro, medias de seda, fino calzado de charol y polainas. Lucía como para retrato. Habían cambiado al agreste personaje de los montes en un incómodo caballero listo para empuñar el bastón de mando provincial.
Noviembre, y Santiago del Estero ardía al mediodía. Las cigarras de desarmaban cantando mientras el sol inclemente partía el quebrachal.  Sofocos, tropiezos, tirones al cuello, desabrochar chalecos, abanicarse con el sombrero, carraspeos, discursos, firmadas de actas, abrazos, felicitaciones, lo que corresponde. El nuevo gobernador sudaba su nuevo destino debajo del traje y engrillado por los brillantes zapatos. Ya contaba las horas para que se terminara el tormento. Calculaba que lo primero que tiraría bien lejos serían aquellos zapatos que le hacían pagar en vida los atropellos y las muertes cometidas.
Por fin llegó la hora del chocolate. La comitiva pasó al gran salón de recepciones donde damas diligentes y llenas de flores y moños revoloteaban apremiando al servicio.
Ellas estaban en todo: cuidando las porcelanas, sirviendo las bandejas con alfajorcitos, colaciones, vainillas y ensaimadas. Cuando alguien mojaba la masa en la hirviente bebida, ya aparecía alguna empuntillada señora a reprimir con un golpecito de abanico en la mano pecadora. Le tocó la primera taza al Sr. gobernador y por lo tanto, la recién salida de la chocolatera.
Apurado por terminar pronto con el acto, el duro hombre de la política se zampó el primer gran trago que le fue recorriendo las entrañas como plomo derretido, pareció que se le detenía en "las abajeras" y continuó como río de lava hasta los talones. Se le saltaron los ojos y se le asomaron las lágrimas. Su mujer y la del boticario lo instaron: A tomarlo todo, que sinó es desprecio.- El hombre todavía conservaba algunos pruritos:  los machos se aguantan. El había aguantado puñaladas, balaceras, campañas sin agua por el monte, noches de agonía y días de guerra. Pero nada se comparaba con aquel chocolate del infierno. Se sudó hasta el pelo, pero se mantuvo en su sitio. Sólo lágrimas en los abiertos ojos.
-Mi marido está emocionado, ronroneó la Primera dama y las otras repitieron la ración.
Quemado hasta el fondo del alma esperó ya desahuciado el fin de todo aquello.
Como comienzo de su buen gobierno el obispo pidió clemencia para una docena de forajidos que le trajeron a la sala para que él mismo les impusiera  las penas, ya que no había tenido tiempo de poner los jueces a su gusto. Así que había que proceder en forma sumaria para dar seguridad a la población harta de atropellos.
Sentado en su sillón tan duramente ganado, el recién asumido, al ser preguntado de qué modo se satisfaría ese último acto del día, sin pensarlo dos veces proclamó:-  "A estos delincuentes que les den una buena escarmentada: que los bañen, que los peinen y que les den chocolate".-

De un hecho real citado por Vicente Courtial.  Pergamino

viernes, 18 de febrero de 2011

Un pueblo respetable



Por Susana Dillon

En mi lejana infancia, mi padre, por razones de trabajo, fue trasladado a una localidad del sur santafesino que se desperezaba entre los maizales y que según sus pobladores tenía la posibilidad de ser ciudad porque había logrado reunir los tres personajes necesarios que la hacían respetable ante leyes y costumbres: su loco, su santo y su puta. Lo demás lo proveía la divina providencia y las lluvias en su momento.
De vez en cuando venía mi padrino a visitarnos, el tío Cholo que era político conservador y por lo tanto se interesaba por todo asunto sociológico relacionado con la evolución de las ideologías y las costumbres de sus posibles prosélitos. Mi tío se las sabía a todas y me las predicaba pacientemente y pese a mis escasos años.
El Cholo era divertido, afectuoso y mal hablado, como todo frecuentador de comité. Yo lo admiraba por su generosidad y su elocuencia, salpicada de palabras que una niña no debía repetir.
Cada vez que venía averiguaba cómo andaban las tres divinas personas que todos conocían, siguiendo las andanzas dignas de ser estudiadas.
El loco era un tal Pinotto, viejo borrachín que había quedado tildado de alguna vez que se subió a la troja de maíz para taparla con lona porque se venía una bruta tormenta -no va que cae un rayo justo allí y el pobre siguió anunciando y denunciando rayos toda su vida.
Cada vez que se asomaba una tormenta, el loco salía por las calles con los puños en alto, a los insultos contra el meteoro. La única que se dolía del viejo era la Tinda, la chica más linda del pueblo, según mi papá y sus amigos de los asados. La Tinda era modista, se hacía preciosos vestidos y en los bailes no se perdía pieza. Al compás de la música sacudía su melena pelirroja meneando sus caderas. A los tipos se les caía la baba. Las mujeres la criticaban, pero a ella  le importaba un rábano el qué dirán. También se cuchicheaba que lucía tantos vestidos porque los estrenaba hilvanados. Tenía tanto trabajo que nunca se terminaba los propios. Una vez, en el baile, le tiraron un nudo en la manga y quedó a medio vestir. Otra se hubiera muerto ahí nomás pero ella hizo como la Rita Haywort en "Gilda" , a la que se parecía mucho, según los tipos, revoleó la manga, zarandeó las caderas y se las tiró a los muchachos que se babeaban por ella.
Dicho gesto le dio mala prensa entre las féminas recatadas.
Yo la quería a rabiar -cuando sea grande seré como ella-. No bien lo dije, me metieron pupila con las monjas y así purgué el pecado de la carne sin conocerlo.
En cuanto al santo, la gente lo había elegido al Chono, que era seminarista, le faltaba poquito para cura. En las fiestas de enero, venía a visitar a sus padres y de paso lo ayudaba al párroco. Provocaba gran afluencia de público femenino al templo, y todas, todas, yo incluida, insistíamos en que nos confesara ese bomboón con sotana, que nos despertaba a la vida espiritual acudiendo como desahuciadas a cuanta novena se pusiera en marcha. El Chono de doña Luisa, una escoba vestida de negro, alta y rubia, la irlandesa lo había metido a cura porque ella había hecho promesa cuando se lo salvó de la difteria..., pero el Chono jugaba al tenis o les enseñaba a patear a los más chicos. Todos querían estar con él. Las chicas muertas por su saque. Pero Luisa vigilaba tremebunda. No era cosa que el chico le claudicara.
Aquella noche de mediados de enero, en que todos en el pueblo salieron a sacar las sillas a la vereda, pasó Pinotto insultando a la tormenta que se venía con piedra, rayos, truenos, centellas y cataratas. Alguien le fue a avisar a la Tinda que el loco estaba más sacado que nunca, pero no la encontraron. Pensaron que el Chono se estaría bañando luego de un furioso partido, llamaron iracundos y no lo encontraron tampoco.
Rugió la tempestad hasta que arrancó árboles, derrumbó tapiales y mató animales arrasando cosechas. A la mañana el desastre era completo. Pinotto estaba hecho un ovillo en el galpón de la estación ferroviaria mojado, tiritando y llamando a la Tinda que lo había abandonado.
La gente enloquecida no sólo por los perjuicios ocasionados por el meteoro que se había ensañado con el pueblo, había algo peor.
La Tinda y el santo no estaban por ninguna parte.
Doña Luisa decía cosas terribles, eso sí, en irlandés antiguo, cosa que planteaba terribles interrogantes, acompañados por gestos inusuales.
Mi tío vino del lado del ferrocarril y tiró la bomba. La pareja se fue en el tren de las 21 hs. Rumbo a Rosario, justo allá donde está la mafia, dijo en un ataque de ira ciudadana.- se tiró en la mecedora y se quedó sin la elocuencia que lo hacía mi héroe-mudez mortal.
Recién cuando mi viejo volvió del campo, mi tío lo increpó hasta con el dedo acusador: ¡mejor que cuiden al loco, que es el único personaje que vale algo en este pueblo de mierda!.
Y no me pregunten por doña Luisa, como era irlandesa, supongo que las hadas la convirtieron en bruja.