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lunes, 18 de octubre de 2010

LA ESCUELA SAN MARTIN Y EL "MEA CULPA OFICIAL"



Por Susana Dillon

Como nacida de las cenizas y ubicada a un costado de la Escuela Roca, pudimos, los asistentes contemplarla el día 15 del corriente a las 10 hs conmemorando sus 120 años de su existencia sacudida por circunstancias muy dolorosas en tiempos en que el gobernador de la Sota tuvo mucho que ver.
En aquella oportunidad y de un plumazo político a esta escuela se la despojó de su antiguo y descascarado edificio para trasladarla a la Escuela Roca,  ubicando al secundario Dr. Dicchiara desalojado sin razón valedera del lugar donde se creó.
Aquel acto inconsulto y contrario a la opinión de padres, docentes y alumnado, fue ordenado en forma dictatorial , al más puro fascismo, de noche y con guardia policial, cargando muebles, archivos y todo lo que no pudo llevarse el tiempo, fue trasladado a la Escuela Roca precipitadamente donde los pocos chicos que quedaba del alumnado y sus maestras fueron tenidos sin baños, dando clases en ventilados pasillos y galerías, con el personal maltratado a agregarse donde les dieran lugar. El escándalo se supo por altavoces, las autoridades venidas de Córdoba, se comportaron como patrones de estancia. Las órdenes tonantes fueron dadas por el gobernador, con policía vigilando la mudanza en lo más oscuro de la noche, se nos hizo que hasta los agentes del orden tuvieron vergüenza de hacer el papel de represores, éramos unos pocos vecinos, madres y padres, algunos maestros, ex maestros y ex alumnos que presenciamos el atropello innecesario, que no daba para guardia armada, semejante despliegue intimidatorio. Pero el gobernador dio la orden y había que cumplirla como cuando "la obediencia debida". El cuerpo de inspectoras entre las que hubo una que respondiendo a un padre en su protesta, se expresó con un potente "fuck-you" al subirse a un taxi.
Con ese gesto indecente se pudieron sacar cuentas del proceder de estas profesionales ascendidas a dedo, como ahora se estila y el porqué los chicos son testigos de como se comportan ciertas autoridades y el porqué de la educación en bancarrota.
Pero hubo otro ataque a la docencia pocos años atrás, cuando se atropelló al personal, la directora, tuvo una notable actuación al cargar a personal del turno tarde con la sospecha de la desaparición de dinero de la cooperadora que estaba en el monedero de la directora (no debe por reglamento manejar esos dineros). Fue como las acusó a la justicia.
Aquí el fiscal Fantín también tuvo una descollante actuación: ordenó requisa al personal, las amontonó en un aula, con una uniformada les hizo tacto vaginal con el mismo guante para todas) tales actos fueron perpetrados ante la población que atónita siguió los acontecimientos y tuvo difusión hasta en España.
De resultas, la señora directora fue sancionada con días de suspensión en las tareas. El dinero no apareció y mas adelante la causante fue traslada al centro de Córdoba y ascendida.
El juicio que se instaló no prosperó. Fue mandado al freezer, como viene sucediendo a menudo y por presiones políticas. El daño psíquico y moral  fue comprobado por médicos oficiales, sin embargo no se les restituyó su buen nombre y honor... Y que quede claro: no se tapa con construir otro edificio y echar al olvido la ofensa. Aún esas maestras no fueron resarcidas, ni tratadas, ni tenidas en cuenta. La escuela se sumió en el desprestigio y el personal pidió traslados o se jubiló. Hubo docentes agredidas por niños y alguna madre. Del árbol caído ya se sabe que se hace leña. Como colofón, el gremio se volcó a acompañar obsecuentemente a las autoridades. Prefirió estar de parte de los capitostes, a tal punto que ahora vistan dos figuras gremiales en cargos políticos. Grahovac ha cumplido su sueño de Ministro de Educación y hasta otra figura ha llegado a legisladora.
Después de esta última mostrada de hilacha podemos saber porqué los chicos toman escuelas, no quieren ir a clase y patean pantorrillas de docentes.
La flamante Escuela San Martín, tiene la suerte de tener maestras jóvenes y activas, tal vez vocacionadas, para hacerla renacer de las cenizas, pero no tenemos que olvidarnos de las que fueron agraviadas sin ser reconocidas como inocentes de una acusación que no fue levantada desde la superioridad que tampoco tiene en cuenta, hasta el presente,  de haberles
devuelto su autoestima y prestigio.
Los que fuimos testigos del despojo y el cínico comportamiento de los que manejaron este asunto, con el gremio que les jugó en contra. Los que tenemos memoria esperamos un gesto de nobleza. Y acá los ladrillos no tapan esta clase de agujeros.

domingo, 27 de septiembre de 2009

¿QUÉ PASA CON LA GENTE?






Por Susana Dillon




La gente ya no silba ni canta por las calles.

Camina cabizbaja o corre o grita, se enoja, insulta, cierra el puño y lo aplica al primero que se le cruza. Si va conduciendo un coche, se prende con el primero que intenta rozarlo, ambos se bajan, se insultan, se golpean, se acusan, se trenzan, los llevan detenidos.

La gente habla sola o con sus fantasmas: las deudas, los vencimientos, los malos negocios. Se les clava la boca en un rictus agrio, en una mueca sarcástica. Se le angustia la expresión, a veces descubro que lloran hasta sollozar.

La gente se trepa, se agolpa, gira en remolinos, desciende de trenes, de autos, de camiones de ómnibus como si fuera el último pasajero que llega a tierra firme, el último náufrago en una tabla atestada. Busca desesperada la mano que se tienda, que lo salve.

La gente ya no ríe sanamente, sólo cuando el otro se cae, se hiere, cuando pierde.

La gente ha olvidado de reírse, de amarse, de ayudarse, de encontrarse.

La gente ya no busca la frescura de los jardines con jazmines y nardos para arrullarse y desearse. La gente aprieta los dientes o prefiere insultos.

Cuando era adolescente, los muchachos silbaban las canciones de moda, cuando se cruzaban con la chica de sus sueños, era un silbido potente que reclamaba miradas, gestos, una sonrisa. Entonces nos asomábamos a la ventana nada más que para ver pasar al dueño del silbido.

A veces aún se escucha al afilador con su caramillo repleto de gotas de nostalgia, derramando sus notas saltarinas, como si sembrara perlas bajo el cordón de la vereda.

Tal vez alguna vecina, de ésas que afilan sus tijeras para recortar las honras juveniles así el ambulante obrero derroche chispas en su rueda de piedra, que más parece el círculo de la vida el poner el filo a punto de la cuchilla charlatana que reina en la cocina, esa porfiada machacadora de pulpas olorosas de ajos y cebollas.

... Y el afilador se pierde entre el rumor de la ciudad que muele con su ritmo los nervios de la gente. Se van yendo, entre el estrépito del tránsito la sarta saltarinas de sus notas.

Hoy escuche otra vez silbar. Era un buen hombre que recuperó su silbo a pesar de la crisis, del gremialista de los medicamentos truchos y la gente que se muere de cáncer porque los que mandan en la cosa son insaciables, pero eso no quiere decir que vayan presos.

Voy a seguir al silbador a ver si me contagia el optimismo.

Silbar hace bien, tonifica los pulmones, refresca las canciones con memoria y sosteniendo un texto que al redondear los labios, reprisa a aquella melodía que nos hizo felices y no nos dimos cuenta.

Es como sentir aquel aroma de los campos de la infancia, de las noches con jardines de fiesta, de la primera carta de amor, de esa vez que nos saltó el corazón cuando llegamos a la cita esperada.

Hay que volver a silbar, la vida lo merece.

Las pibas de hoy, no saben lo que se pierden aturdidas por los bafles de las discos, mareadas por la birra. No pueden calibrar los decibeles de llamado del silbo, cuando del amor se trata.

"Mira qué cosa triste ser río, /quien pudiera ser laguna /oír el silbo del junco, /cuando lo besa la luna".

Cosas de Atahualpa

martes, 15 de septiembre de 2009

El día del Maestro en el siglo XXI




Por Susana Dillon





No bien aparecido el nuevo siglo y ya recogiendo datos del siglo anterior nos dimos cuenta que nuestra educación naufragaba en agitados mares de la política recién horneada.


Ya no venían los chicos como antes: obedientes, silenciosos, respetuosos a quienes sus padres los gobernaban con sólo mirarlos y las madres encontraron felizmente argumentos para que no los zurraran con el cinto cuando el párvulo era encontrado en el campito con los amigos púberes en la primera experiencia con el faso.


Las chicas eran un dechado de virtudes domésticas: modositas, colaboradoras, tragalibros y ¡MARAVILLA !, llegaban al matrimonio a su debido tiempo con el himen intacto para honor de la familia. Ahí estaba lo más importante de la dote aunque le hubiera incendiado la cuna a su hermanito recién nacido. En tanto el muchacho se buscaba empleo y estudiaba derecho para ser, chapa de por medio, un buen defensor de las economías familiares y si fuera posible, un discreto legislador. Los de su clase debían ir a la escuela y hacer buena letra.


En esos felices entonces, la maestra era intocable y el director prócer.


Hoy los chicos (ellas y ellos) ni laburantes ni traga libros: la queja general es que de arriba de asnos, patean las canillas de la seño porque le mandó a la madre una nota donde le reclamaba mayor aplicación y mejor conducta.
Para tal demostración se vino también la madre, tratándola a empujones manifestando como si fuera un piquete con calificativos irreproducibles. Para que la historia ésta sea creíble no hay más que colarse en una reunión de personal donde los sufridos mal pagados docentes piden normas para enfrentar situaciones imprevisibles, de ésas que no tienen advertencias para tales problemas ni en los más nutridos tratados de conductas humanas.


Todos los que se aventuran en estos avatares, todavía sólo han llegado a la conclusión nefasta: la educación está en quiebra.
Los chicos de la última camada del primario, tienen problemas no sólo en la escuela: vienen de la casa, en que padres y madres no están ni a la hora del almuerzo, viéndolos sólo unos minutos al día. Comen en la escuela y pegados al televisor el resto del día. Luego vienen en éxodo hacia la calle, esa otra maestra de la delincuencia que les ofrece el paco, el fernet-cola, los celulares con porno, las fumatas clandestinas, el aprender a ser piolas y al no dejarse seducir por los libros que representan una parte del futuro no deseado, no sea cosa que se les pegue algo moral y honesto. La influencia de los padres entonces es nula.


A todo esto, los progenitores no encuentran a los chicos raros. Están tan ocupados que no ven otra cosa que no sean obligaciones, trabajo y consumismo. Por eso aflojan la billetera, porque en el fondo se sienten culpables de las horas que les restan para formarlos, tratarlos y amarlos.


Ahora son los chicos los que miran a sus padres con gesto adusto, y los padres, temerosos, abren la billetera para alcoholizarlos o para drogarlos, y no hay diálogo ni enmienda.
Quienes miramos azorados este espectáculo, sabemos, por los años vividos que esta verdadera reacción en cadena, viene de los años en que al más puro estilo menemista se instaló aquello de "la educación no da réditos" y que la ley Federal no ha servido más que para degradarla, hay que recordar que desde entonces se burlaron los nombramientos por capacidad y méritos, instalándose los nombramientos "a dedo", se archivó el Estatuto de la Docencia Primaria, se metió la política en las escuelas, los gremialistas se anotaron para legislar y apoyaron a la patronal... y no voy a hacer un alegato por la forma en que se les paga a los docentes. ¿No resulta sospechoso esto de que se le obligue al docente tener una Caja de Ahorros que puede manejarse desde el Estado como ocurrió cuando el corralito?. Con el tiempo y experiencia una se pone mal pensada.


... Pero a pesar de todo, todavía le cantamos a Sarmiento.